lunes, 17 de abril de 2017

La violencia política durante la Transición española: la matanza de Atocha.


Esta entrada se ha publicado anteriormente en mi otro blog: https://miradahistorica.com/2017/04/10/la-violencia-politica-durante-la-transicion-espanola-la-matanza-de-atocha/ 


El abrazo (1976). Juan Genovés. Museo Reina Sofía
La transición española, entendida como el período comprendido entre la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la victoria electoral del PSOE el 28 de octubre de 1982, se caracterizó por el paso de un régimen político dictatorial a otro democrático. Este transcurso se encauzó mediante pactos y negociaciones entre las fuerzas franquistas y las fuerzas democráticas. Toda negociación es producto de una relación de fuerzas: el franquismo disponía de todo el apoyo institucional y de una parte de la población, alineada sociológicamente con el régimen; la oposición disponía de la legitimidad democrática, del apoyo internacional y de unas bases muy activas, aunque reducidas. La continuidad del franquismo era imposible y la implantación de una democracia sin contar, al menos, con el sector aperturista del régimen tampoco era factible. De ahí la necesidad de una convergencia entre los sectores franquistas citados y las principales fuerzas de la oposición. Unos basaban su fuerza en el control de las instituciones del Estado, otros en las importantes movilizaciones populares.
Se ha querido presentar este proceso como modélico en cuanto a la transformación de un régimen dictatorial en otro democrático. Tiende a ponerse el énfasis en la capacidad de aquellos líderes políticos para la negociación, pero la Transición distó de ser un proceso ejemplar y pacífico. El grado de violencia política que produjo fue muy superior al ocurrido en Portugal con la Revolución de los Claveles  –25 de abril de 1974– y el posterior proceso revolucionario, donde no hubo víctimas mortales; y también fue mucho más elevado que el acaecido durante la caída de la Dictadura de los Coroneles griega el 24 de junio de 1974, donde hubo menos de una decena de víctimas mortales y todos ellos en hechos ocurridos con posterioridad.
Recientemente se ha cuestionado el proceso de Transición democrática achacándole la culpabilidad de algunos de los problemas actuales de la democracia española. Esta acusación no tiene mucho sentido histórico; exigir más contundencia a las fuerzas democráticas de entonces en los procesos de negociación que se llevaron a cabo es no comprender bien aquella coyuntura histórica. Aunque muy debilitados y con escasos o nulos apoyos internacionales, sectores franquistas recalcitrantes ante cualquier cambio seguían controlando en bastante medida algunos resortes de poder nada despreciables:  judicatura, fuerzas del orden, fuerzas armadas, etc., que en ocasiones actuaban con total autonomía del gobierno. Contaban además con otro elemento que impregnaba a muchos sectores sociales españoles: el miedo, miedo a la represión del régimen, miedo incluso a un golpe militar –Tejero y otros en 1981–, y miedo a una nueva guerra civil. Ese miedo impedía que las movilizaciones populares alcanzaran la fuerza suficiente para provocar la caída del franquismo. La incertidumbre sobre lo que pudiera pasar también favorecía a las opciones moderadas.

La Policía Armada reprimiendo una manifestación en 1976. Fuente: http://escalabasica.blogspot.com.es/
Las dificultades de aquella coyuntura histórica se muestran en la extrema violencia que caracterizó el período. Paloma Aguilar e Ignacio Sánchez Cuenca contabilizaron 665 fallecidos a consecuencia de la violencia política entre 1975 y 1981. El desglose de la cifra muestra el origen de estas muertes:
  • Acción represiva del Estado: 162 fallecidos, un 24 %.
  • Acciones de grupos terroristas de índole nacionalista: 361 fallecidos, un 54 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema izquierda: 67 fallecidos, un 11 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema derecha: 57 fallecidos, un 10 %.
Hubo por tanto, en la Transición, una confluencia de fuerzas que optaron por la práctica de la violencia política, del terrorismo en suma. La represión policial, dirigida por mandos que provenían del franquismo, se orientaba contra la izquierda,  y es cierto que agravó los conflictos pero no fue un elemento impulsor de la violencia terrorista. Los grupos que la practicaban tenían sus propios objetivos, independientes de la acción policial: independencia de algún territorio, reacción a las acciones de ETA o amedrentamiento de la izquierda –en el caso de la extrema derecha–, golpes a las clases dominantes (empresarios, militares,…) por parte de la extrema izquierda. Sus acciones, independientemente de su casuística, contribuían a la inestabilización social y política e impulsaban a las fuerzas moderadas del franquismo y de la oposición a una convergencia que estabilizara el sistema político.

Atentado de ETA en Pamplona en 1979. Fuente: http://mapadelterror.com/imagenes/
Uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta violencia terrorista fue la denominada matanza de Atocha. El 24 de enero de 1977 tres pistoleros de extrema derecha penetraron en un despacho de abogados laboralistas situado en la calle Atocha, número 55 de Madrid. Los miembros de ese despacho estaban vinculados con el sindicato CC.OO. y con el PCE, aún ilegal. El resultado del asalto fue de cinco personas muertas –Enrique Valdevira, Luis J. Benavides, Francisco J. Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez– y cuatro heridas. Se trataba de una provocación en toda regla a la izquierda comunista para inducir una reacción que dificultara o imposibilitara su legalización e inclusión en el nuevo sistema democrático.
El contexto de esta terrible acción se inscribe en la reacción de la extrema derecha ante la liberación de Santiago Carrillo. Este se encontraba ilegalmente en España desde febrero de 1976 y había sido detenido en diciembre de ese año y liberado poco después. Días antes del atentado se habían producido dos muertes de personas vinculadas  a la izquierda –una asesinada por la Triple A y otra golpeada por un bote de humo en una manifestación–, también había sido asaltado un despacho de la UGT en Madrid que se hallaba vacío en ese momento.

Multitudinario entierro de los asesinados en el despacho de Atocha. Fuente: https://www.reddit.com
La respuesta del PCE y la izquierda en general distó de la esperada por las fuerzas reaccionarias. El entierro de las víctimas de Atocha se convirtió en una multitudinaria manifestación que transcurrió sin incidentes; la solidaridad con las víctimas se extendió por todo el país a través de paros y otros actos. El Partido Comunista mostró su contención y ello favoreció, sin duda, su legalización en la Semana Santa de ese año –9 de abril de 1977–.
Esta vez el gobierno no iba a permanecer impasible ante la matanza. La prioridad para la policía fue la captura de los asesinos; ello era fundamental para dar credibilidad al proceso de democratización que se estaba produciendo. Estos no habían huido, confiando en sus contactos políticos y policiales. La Policía Armada los detuvo pocos días después, desvelándose que todos ellos estaban relacionados con Falange Española o Fuerza Nueva. Posteriores investigaciones también sacaron a la luz la probable participación de la denominada red Gladio, una organización italiana de extrema derecha.
La matanza de Atocha marcó uno de los hitos de la violencia política durante la Transición. Fue un ejemplo de cómo los sectores más reaccionarios del régimen franquista, aún poderosos,  intentaban impedir, por todos los medios, cualquier proceso que condujese a la implantación de una democracia política. Ya hemos visto que no eran los únicos y que otras fuerzas nacionalistas o de extrema izquierda también se empañaban en dificultar ese proyecto. Fue, por todo ello, un proceso complicado que finalmente dio paso a un sistema democrático, imperfecto sin duda, pero resultado de la relación de fuerzas políticas y sociales existente entonces.
BIBLIOGRAFÍA.
Álvarez, L. (2011). Las cloacas de la transición. Madrid: Espasa.
González Sáez, J. M. (2012). La violencia política de la extrema derecha durante la transición española (1975-1982) Actas del III Congreso Internacional de Historia de Nuestro Tiempo. Logroño: Universidad de la Rioja.
Juliá, S. (2014). ¡Todavía la Transición! EL PAIS.
Kornetis, K. (2011). Las transiciones democráticass griega y española en retrospectiva. In C. L. Frías, José Luis; Rodrigo, Javier (eds.) (Ed.), Reevaluaciones. Historias locales y miradas globales. Zaragoza: Institución Fernando el Católico.
Nerín, G. (2016). La transición española: una democracia de sangre y plomo. El Nacional. Retrieved from http://www.elnacional.cat/es/cultura-ideas-artes/xavier-casals-transicion-espanola_104653_102.html
Redero, M. (1994). La transición española. Cuadernos del Mundo Actual, 72.
Sánchez Cuenca, I. (2009). La violencia terrorista en la transición española a la democracia. Historia del Presente, 14, 11.
Sotelo, I. (2013). El mito de la Transición consesuada. EL PAIS.

jueves, 2 de febrero de 2017

El arma nuclear española: el “Proyecto Islero”

Esta entrada ha sido publicada con anterioridad en mi nuevo blog: https://sobrehistoria.es/
Uno de los capítulos más insólitos de la historia contemporánea española de la segunda mitad del siglo XX fue el intento de obtener armas nucleares propias. El proyecto perduró durante todo el franquismo, pasando por diversos altibajos en función de las relaciones exteriores de España y del miedo de Franco a dar el paso decisivo. El proceso comenzó en 1948 con la creación de la Junta de Investigaciones Atómicas. Este organismo dio paso en 1951 a la Junta de Energía Nuclear. Su función era, en el marco de la autarquía y en plena Guerra Fría, lograr un desarrollo autónomo de esta energía, oficialmente con una finalidad civil pero, en secreto, también militar.
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El general Franco y Otero de Navascués en la inauguración de la sede de la Junta de Energía  Nuclear (1958). Fuente: adelantosdigital.com
Poco después, en 1955,  España firmó con Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear dentro del programa Átomos para la Paz. Dicho programa había sido impulsado desde 1953 por el presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower  para la promoción del uso pacífico de la energía nuclear y el control de la misma mediante la creación de la OIEA –Organización Internacional de la Energía Atómica–. A través de esta vía Estados Unidos facilitó tecnología nuclear a diversos países, entre ellos España, para su uso en investigación o en aplicaciones civiles.  De hecho, numerosos científicos e ingenieros españoles fueron a formarse en instituciones norteamericanas.
Fruto de estas relaciones fue también la construcción del primer reactor nuclear en España, el JEN-1, de tecnología estadounidense y que utilizaba uranio 238 enriquecido, aunque era imposible obtener de él material para armas nucleares. Con este nuevo impulso se creó en 1958 el Centro Nacional de Energía Nuclear que, aunque no tenía carácter militar, sí estaba dirigido por estos. La consecuencia de este desarrollo en la investigación fue la posición de vanguardia que España alcanzó ya en la década de los años cincuenta del siglo pasado, gracias principalmente a la labor del contralmirante y físico  José María Otero de Navascués.
El interés militar por la energía nuclear se había acrecentado desde 1956, fecha de la independencia de Marruecos y momento a partir del cual surgieron las presiones del nuevo Estado hacia los territorios españoles en África. La actitud de Estados Unidos en el conflicto de Ifni (1957-58), prohibiendo la utilización del material militar cedido a España, también favoreció la idea de hacerse con armamento nuclear autónomo como elemento disuasorio frente a cualquier posible enfrentamiento con el nuevo vecino del sur. Para España, que no pertenecía a la OTAN, la posesión de este armamento también era un elemento de prestigio internacional y un medio para controlar el eje estratégico definido en torno a la línea formada por las Baleares, el Estrecho y las Canarias.
Toda la tarea investigadora realizada hasta entonces se concretó en 1963. El general Agustín Muñoz Grandes, vicepresidente del gobierno, ordenó a la Junta de Energía Nuclear realizar un estudio sobre las posibilidades de desarrollar un arma nuclear sin alertar a la comunidad internacional. Fue el inicio del "Proyecto Islero". Pese a sus decepcionantes inicios, el proyecto se mantuvo vigente gracias al apoyo del citado  Muñoz Grandes y de Carrero Blanco. En 1964 el proyecto estaba preparado, contando además con el apoyo francés ya que De Gaulle era partidario de la independencia defensiva europea para lo que creía necesario que España dispusiese de armas nucleares.
Curiosamente el accidente de Palomares cambiaría la atonía inicial del proyecto. El 17 de enero de 1966 un avión cisterna norteamericano chocó en el aire, sobre la vertical de la población almeriense, con un bombardero B-52 de la misma nacionalidad que llevaba cuatro bombas termonucleares (bombas H o de hidrógeno) de 1,47 megatones cada una, aproximadamente unas 75 veces más potentes que la que destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima.
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Localización de las bombas nucleares caídas en Palomares. Fuente: EL PAÍS
Los técnicos nucleares españoles, dirigidos por el físico y militar Guillermo Velarde, pudieron recoger y analizar restos de las bombas caídas. Los resultados obtenidos dieron un nuevo impulso a la investigación para llevar a cabo el proyecto ya que posibilitaron desentrañar las claves de la fabricación de las bombas de hidrógeno, que hasta ese momento solo estaban en manos de Estados Unidos, la URSS, Francia y China. A pesar de ello Franco decidió no impulsar el proyecto por miedo a las sanciones norteamericanas. No obstante, tampoco se abandonó ni se cerraron las puertas para su continuación; de hecho España no firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), gestado en 1968. En ese mismo año, además, se instaló en la sede madrileña de la Junta de Energía Nuclear el primer reactor nuclear español.
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Recogida de una de las bombas nucleares de Palomares. Fuente: EL MUNDO
Los estudios y pruebas realizados hasta entonces permitieron que, iniciada la década de los setenta, resultase viable la fabricación de armamento nuclear, pero no existían los medios. La central nuclear de Zorita  (Guadalajara), que había entrado en funcionamiento en 1969, y la de Santa María de Garoña (Burgos), que lo había hecho en 1971, eran de tecnología norteamericana y no era posible extraer combustible para armamento de ellas.
La oportunidad de extraer plutonio de uso militar no se produjo hasta 1972, cuando entró en funcionamiento la central nuclear de Vandellós I (Tarragona), construida con tecnología francesa y capaz de producirlo. Además España contaba con reservas de uranio natural. En ese momento la opción española se centró en la fabricación de una bomba de plutonio y no de uranio. La obtención de uranio 325 era mucho más complicada y se necesitaban recursos técnicos y económicos que España no poseía en esos momentos. Sin embargo el plutonio 239 podía obtenerse a partir de un pequeño reactor nuclear.
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Central Nuclear de Vandellós I. Fuente: EL MUNDO/EFE
El apoyo político al proyecto se incrementó cuando Carrero Blanco llegó a la presidencia del gobierno en junio de 1973. El Ejército pensaba que para la defensa de España se debía conseguir un verdadero tratado militar con Estados Unidos, elaborado de tú a tú. Y si eso no se producía nuestro país debía tener una fuerza de disuasión nuclear propia. A finales de ese año Velarde informaba de que España podría fabricar tres bombas nucleares al año. Con esa posibilidad en la mesa Carrero se entrevistó con el  secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, planteándole la dicotomía de un nuevo tratado o el desarrollo propio de armas nucleares. Kissinger se negó a concretar ningún acuerdo. Al día siguiente, 20 de diciembre de 1973, ETA asesinó a Carrero mediante un atentado.
Pero ni su muerte ni la del general Franco en 1975 finiquitaron el proyecto. Las presiones norteamericanas para que España firmase el TNPN continuaron pero sin lograr su objetivo. Al contrario, para esas fechas –1977– España era ya capaz de fabricar plutonio en cantidad suficiente para producir 23 bombas nucleares al año.
La llegada al poder de Adolfo Suárez en 1976 tampoco significó la interrupción del proyecto. Esto solamente se produjo en 1981, en una coyuntura delicada para España –creciente número de atentados, descomposición de la Unión de Centro Democrático, golpe de Estado de febrero, etc.– y con fuertes presiones del presidente norteamericano Jimmy Carter para que España firmara el TNPN.
El proyecto Islero quedó definitivamente liquidado cuando el PSOE, en el gobierno desde 1982, decidió abandonarlo a cambio de la integración en la Comunidad Económica Europea y cuando el país ya se había integrado en la OTAN. En octubre de 1987 España firmó el TNPN y el proyecto quedó en el olvido.
El plan de dotar a España de armamento nuclear hay que situarlo en el marco de la dictadura franquista. Un régimen muy nacionalista y con escasa simpatía por los Estados Unidos, aunque los intereses políticos de ambos países les llevasen al acercamiento. Su proyecto armamentístico no se relaciona tanto con la Guerra Fría como con el objetivo de asegurarse una autonomía defensiva válida para todo el territorio nacional. Ese objetivo no se logró con la integración en la OTAN, pues esta dejó fuera la defensa de Ceuta y Melilla.
Bibliografía.
Benavente, R. P. (13/11/2016). Proyecto Islero, la bomba atómica que España pudo tener durante el franquismo, Evernote. El Confidencial.
Cardeñosa, B. (2016). La bomba atómica española. Historia de Iberia Vieja, 137.
Muñoz Bolaños, R. (2014). El proyecto Islero. La bomba atómica española. Retrieved from http://anatomiadelahistoria.com/2014/01/el-proyecto-islero-la-bomba-atomica-espanola/
Rodríguez, A. (2016). Cuando España buscó la bomba atómica. Tiempo, 1779.
Á. Soto (Producer). (2017, 14/01/2017). La bomba atómica de España: Proyecto Islero [Audio podcast]. Retrieved from http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SRDOCU/mp3/1/4/1484397483141.mp3
Velarde, G. (2016). Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares. Córdoba: Editorial Guadalmazán.


martes, 3 de enero de 2017

El cantón murciano

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Fuente: Wikipedia

La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog De Historiahttps://sobrehistoria.es/  

El contexto.
El fenómeno cantonalista se inscribe en el marco de la Primera República española, siendo una de las manifestaciones más extremas de dicho período ya que entrañó una explosión de anhelos populares largo tiempo acallados.
Tras la abdicación de Amadeo I, las Cortes, unidos Congreso y Senado en una convocatoria de legalidad dudosa, proclamaron la República el 11 de febrero de 1873. Votaron a favor 258 representantes y en contra 32, aún cuando la mayoría de los diputados eran monárquicos. La presión popular fue un elemento clave para comprender la proclamación y la posterior aceleración de la acción política republicana.
El gobierno provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes en mayo de 1873, siendo ampliamente ganadas por los republicanos federales. Las nuevas Cortes aprobaron el establecimiento de la República Federal el 10 de junio con una amplísima mayoría. Se iniciaba así el debate de nueva constitución republicana.
Las divisiones republicanas –intransigentes o exaltados, centristas y moderados– llevaron a Pi i Margall al gobierno y la constante presión popular aceleró la revolución cantonal. El 1 de julio los diputados intransigentes abandonaron las Cortes al parecerles insuficientes las medidas del nuevo gobierno y no estar de acuerdo con el cariz que tomaba la redacción de la nueva constitución. Inmediatamente formaron un Comité de Salvación Pública –obsérvese la afinidad conceptual con la Revolución Francesa– y reclamaron la formación de cantones en toda España.
El cantón era una forma de organización territorial en la que una ciudad y el territorio bajo su influencia –equivalente en buena parte con el término municipal– se constituía en una unidad política independiente que después podía unirse con otros cantones para conformar un gobierno federal: la Federación Española. La principal divergencia entre los republicanos afectaba a la manera de constituir este modelo de gobierno; mientras los intransigentes proponían hacerlo de abajo a arriba, los restantes republicanos federales pretendían aprobar la constitución primero y después organizarlo desde arriba –gobierno de la nación– hacia abajo. En cualquier caso nunca se cuestionó la unidad de España, a pesar de la fragmentación del Estado que suponía su modelo.

El cantón murciano.

El epicentro de la sublevación fue Cartagena pero la sublevación se extendió también por otras localidades murcianas, incluida la capital: Torre Pacheco, San Pedro del Pinatar, Alcantarilla, Cieza, Caravaca, Cehegín, Molina de Segura, etc. No obstante, siempre existieron disensiones entre Murcia, cuya Junta era más moderada, y Cartagena, especialmente por las exacciones económicas que pretendía la ciudad portuaria. La gran excepción fue Lorca, que no quedó bajo el control de los sublevados y sirvió de refugio a las autoridades centralistas y a la jerarquía eclesiástica huida de Murcia.
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Puerto de Cartagena. Fuente: Foro Todo Avante
El objetivo de este movimiento revolucionario era crear una unidad política en torno a las fronteras de la provincia: el cantón murciano. En ello estaban de acuerdo todas las juntas, aunque el papel protagonista lo tuviese, a su pesar, Cartagena.
El 12 de julio los cantonales toman los castillos que protegen la ciudad así como el Ayuntamiento. Inmediatamente se formó una Junta Revolucionaría de Salvación Pública que otorgó a Antonio Gálvez –alias Antonete– la jefatura de las fuerzas revolucionarias. Con ayuda del general Juan Contreras lograron apoderarse de la flota de guerra que se hallaba en el puerto y del Arsenal de la Armada. De esta forma quedaron en su poder cinco fragatas, dos vapores de guerra y una corbeta. Con esta fuerza y el dominio de los castillos fortificados próximos, el cantón cartagenero logró mantener su independencia hasta el 12 de enero de 1874.
Una vez asentado el poder en Cartagena el objetivo de la Junta fue expandir la revolución. Con ello se pretendía lograr dos propósitos: reducir la presión gubernamental sobre el cantón murciano y evitar un posible cerco, y obtener recursos para mantener en armas a los 9.000 hombres que formaban el ejército cantonal.
Las expediciones terrestres se dirigieron hacia ciudades importantes –Hellín, Lorca, Orihuela– que habían quedado en manos del gobierno. Las navales abarcaron un amplio territorio que se extendía desde Valencia hasta Málaga, y ello a pesar de que el gobierno declaró piratas a todos los buques cantonales por lo que algunos de ellos fueron capturados por las armadas británica y alemana.
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Las sublevaciones cantonales. Fuente: Wikipedia

El declive de la experiencia cantonalista se produjo a partir de la derrota de Chinchilla (10 de agosto de 1873) a manos del general Martínez Campos. Además de las pérdidas humanas y materiales, el fracaso militar dejó abierto el camino hacia Murcia que fue ocupada por el ejército gubernamental el 13 del mismo mes. Las Juntas de las localidades cantonales se disolvieron y solamente resistió el cantón de Cartagena.
El asedio de la ciudad, que duraría seis meses, fue extremadamente violento. Unos 30.000 proyectiles de artillería cayeron sobre la ciudad en ese tiempo destruyendo un 80 % de la misma y con episodios tan dramáticos como la explosión del Parque de Artillería que ocasionó la muerte a más de 500 civiles. Este hecho aceleró la rendición final.
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Ruinas del Parque de Artillería. Fuente: Forocartagena.com

Acción política e ideología.

Las medidas políticas que impusieron los gobiernos cantonales, aunque con leves variaciones locales, tuvieron una clara impronta progresista: indulto de presos políticos, incautación de bienes eclesiásticos, jornada laboral de ocho horas, supresión de los monopolios, supresión de los consumos, reconocimiento del divorcio, derogación de la pena de muerte, derecho al trabajo, etc.
Esta política progresista fue acompañada de otros gestos que la afianzaron, como la adopción de la bandera roja o el uso de un vocabulario político heredado de la Revolución Francesa. Igualmente la influencia de la reciente Comuna de París (18 de marzo-28 de mayo de 1871) estuvo presente en la acción revolucionaria del cantón.
La ideología más claramente manifiesta es el republicanismo federal. Se trata, no obstante, de un republicanismo imbuido aún de un espíritu ilustrado y mesiánico: llamadas a las virtudes ciudadanas, la honradez política, la valentía, la ilustración del pueblo, el patriotismo, etc. Estas ideas estaban lejos de buscar una ruptura revolucionaria ya que en ellas predominaba el pragmatismo, la consideración hacia los principios constitucionales y el respeto por la propiedad privada
Las vinculaciones del cantón murciano con la Internacional distan de estar claras. Si bien la Junta cartagenera incorporó a algunos miembros de esta organización, otras, como la de Murcia, se opusieron a cualquier relación con la misma. De hecho el distanciamiento ideológico es claro en temas cruciales como el tratamiento de la propiedad o las medidas sociales.
La composición social de los revolucionarios tuvo un indudable carácter pequeño-burgués, con un importante componente militar. Este fue el sector dirigente de la sublevación que gozó, no obstante, de un amplio apoyo popular basado en la creencia en los mitos republicanos antes expuestos.

Bibliografía.

El cantón de Cartagena (s.f.) En Wikipedia. Recuperado el 16 de diciembre de 2016 de https://es.wikipedia.org/wiki/Cant%C3%B3n_de_Cartagena
Echenagusia, J. (2016). La Primera República. Reformismo y revolución social. Madrid: RBA Libros.
Gómez-Villamón, A. (2016). “La Primera República y el cantón de Cartagena”. Región de Murcia Digital. Recuperado de: http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,1915&r=ReP-25356-DETALLE_REPORTAJES
Puig, A. (1990). El cantón murciano. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio.
Sender, R.J. (1997). Mr Witt en el cantón. Madrid: Alianza Ed.
Victoria, D. (1996). El Cantón Murciano. Diario de la revolución cantonalista. Anales de Historia Contemporánea, 12. Universidad de Murcia.
Vilar, J.B. (1983). El Sexenio Democrático y el cantón murciano. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Podcast e historia: una nueva pareja.

La entrada puede encontrase también en mi nuevo blog De Historia: https://sobrehistoria.es/  


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Página web de SER Historia
La investigación y la enseñanza de la historia han ido evolucionando a la par que los cambios tecnológicos. Resulta difícil, hoy en día, plantearse cualquiera de estas dos actividades sin el recurso a internet o a diversos programas de software, desaprovechando todas las posibilidades que estas opciones ofrecen.
Los podcast forman parte de la denominada web 2.0, en creciente expansión por el uso imparable de internet, de los móviles inteligentes (o smartphones) y de las tablets. Su empleo como medio de divulgación en bastantes universidades se vincula con el aprendizaje informal pero también es un elemento importante en las modalidades online de enseñanza.
Una de estas posibilidades, de las menos conocidas, pero con una gran potencialidad sobre todo en los planteamientos divulgativos de nuestra ciencia es el uso de los podcast de temática histórica. Hoy en día disponemos de un buen número de emisoras de radio que ofrecen programas dedicados a los temas históricos aunque con perspectivas diversas, aspecto este que enriquece su utilización.
En nuestra entrada vamos a dejar de lado los podcast vinculados a instituciones educativas –como la UNED o la Universitat Oberta de Catalunya–, aunque los referenciaremos al final, para centrarnos en la difusión de programas de radio procedentes de emisoras públicas o privadas de España.
No obstante, también creemos conveniente realizar una mención el proyecto Escuela del Saber que ofrece cursos completos de historia utilizando podcasts, aunque no son gratuitos. Con una orientación semejante podemos destacar iTunes Universidad, plataforma que acoge una gran cantidad de podcast y grabaciones audiovisuales, tanto gratuitas como de pago, organizados en cursos y elaborados por universidades de todo el mundo.
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Página web de La historia de cada día. RNE.
Volviendo a nuestro centro de atención –los programas de radio que tienen a la historia como protagonista y permiten oír o descargar podcast–, vamos a presentar aquellos que consideramos más interesantes, sin que el orden prejuzgue nada.
  • SER Historia. Programa de la cadena SER dirigido por Nacho Ares y que se emite a horas intempestivas –madrugada del sábado al domingo–. Menos mal que disponemos de sus podcast. El programa abarca todos los períodos de la historia y trata todos los temas, tanto españoles como internacionales. A menudo presta atención a las efemérides: muerte de Fidel Castro, día de la Constitución de 1978, etc. Web: http://cadenaser.com/programa/ser_historia/  
  • Ágora Historia. Programa de Capital Radio dirigido por David Benito. Presta atención también a temas muy diversos y de distintas épocas. Por ejemplo, la última emisión en podcast, la número 169, estuvo dedicada a El Ángel de Budapest, El origen de Roma y la Guerra de las Alpujarras. Web: http://agorahistoria.com/agora-historia-169-angel-budapest-alpujarras-pignoraimperii/
  • La historia de cada día. Programa de RNE 1 que se emite las mañanas de sábados y domingos, y que está dirigido por Carlos Guerrero. Sus temas son también variados y de épocas diversas, aunque presta atención a efemérides y a la publicación de obras historiográficas, cuyo comentario es la base del programa. El último podcast se dedicó a comentar una reciente publicación sobre la guerra civil española. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-historia-de-cada-dia/
  • La rosa de los vientos. Programa de Onda Cero dirigido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola. Sus contendidos son muy variados, aunque a veces borden la ciencia-ficción y el esoterismo. Otras veces plantean temas con cariz mucho más científico. Web: http://www.ondacero.es/programas/la-rosa-de-los-vientos/
  • Documentos RNE. Programa de RNE de carácter monográfico en el que se analiza un tema de manera profunda. Está dirigido por Miguel A. Coleto. La temática es variada pero muy a menudo se centra en cuestiones históricas o culturales, por ejemplo: Las Brigadas Internacionales, la muerte de Fidel Castro, Manuel de Falla o la homosexualidad durante el franquismo. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/
  • La historia del mundo. Programa de Caracol Radio realizado en Colombia y orientado a la historia de los países latinoamericanos. Dirigido por Diana Uribe presta atención tanto a temas propiamente históricos como a temas culturales de Argentina, Perú o Chile. Los últimos programas tratan de aspectos de la historia argentina –la guerra de las Malvinas, el retorno de la democracia o la personalidad de Julio Cortázar–. Web: http://caracol.com.co/programa/la_historia_del_mundo/
  • Países en conflicto. Programa de RNE 5 dedicado monográficamente al tratamiento de conflictos, crisis humanitarias o problemas actuales. Lo dirige la periodista Cristina Sánchez. Entre los últimos temas tratados están: la guerra de Yemen, la cuestión de las niñas esposas o el conflicto de Alepo. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/paises-en-conflicto/ 
Página web de Países en conflicto. RNE5
Página web de Países en conflicto. RNE5
BIBLIOGRAFÍA.
Bernard, Estela (Coord.) (2014). La historia contada a través de los medios de comunicación. Madrid: Visión Libros.
Rivas, Lizmar (2016). Podcast educativo. Recuperado de https://podcastedu.wordpress.com/
Solís Sánchez, D. (2010). Podcasting fácil para profesores y alumnos. Grupo Cultural Argón. México. Recuperado de: https://comunicacionysociedadprepa.files.wordpress.com/2012/10/podcasting-fc3a1cil-para-docentes-y-alumnos-david-solc3ads-sc3a1nchez.pdf
Portal de la UNED en RTVE: http://www.rtve.es/uned/radio/

jueves, 1 de diciembre de 2016

Los últimos de Filipinas


[Esta entrada se encuentra tambien en mi nuevo blog: https://sobrehistoria.es.]

El primer enfrentamiento entre cubanos y españoles se inicia en 1868, fecha en la que  comenzó la denominada Guerra de los Diez Años (1868-1878). Al mismo tiempo que en la península estallaba la Revolución, en Cuba se declaraba la guerra. Este enfrentamiento ya significó un aviso de que las relaciones entre la metrópoli y la colonia estaban volviéndose difíciles; los criollos pedían más derechos políticos y económicos, la abolición de la esclavitud y la rebaja de impuestos. La Paz de Zanjón (10 de febrero de 1878) significó la rendición de las tropas rebeldes que lograron algunas mejoras –libertad de los esclavos que participaron en el conflicto y algunos derechos políticos–, pero quedaron lejos de sus grandes pretensiones: la independencia y la abolición total de la esclavitud. 
Como esta primera confrontación no sirvió para cerrar definitivamente los problemas, en 1895 volvió a estallar otra revuelta contra España, desencadenándose un nuevo conflicto armado. Tanto la abolición de la esclavitud (1880) como las cesiones del gobierno español –autonomía plena, igualdad de derechos políticos, sufragio universal, etc.– llegaron tarde. Para los dirigentes de los independentistas cubanos, liderados por el Partido Revolucionario Cubano de José Martí y apoyados por los grupos imperialistas estadunidenses, estas medidas eran insuficientes.  
El elemento definitorio en el conflicto fue la intervención militar estadounidense. El “casus belli” fue el hundimiento del acorazado norteamericano Maine, de visita en La Habana, pero las causas de la intervención han de situarse en el contexto de la carrera imperialista que caracterizó el cambio de siglo y en el creciente expansionismo de Estados Unidos, muy interesado en controlar los mares limítrofes, especialmente el Caribe y el Pacífico (doctrina Mahan). En estos mares se hallaban, precisamente, los restos coloniales españoles, defendidos por una metrópoli sumida en otros problemas y con una capacidad militar muy inferior a la estadounidense. 
Colonias españolas de ultramar en 1898. Fuente: https://es.pinterest.com/source/images.classwell.com
Colonias españolas de ultramar en 1898.
Fuente: https://es.pinterest.com/source/images.classwell.com
La guerra, como es bien sabido, se extendió también a Filipinas y concluyó con la derrota española, plasmada en las batallas navales de Cavite (Filipinas), el 1 de mayo, y Santiago de Cuba, el 3 de julioLa pérdida de los últimos restos del imperio representó un duro golpe para el prestigio y el papel internacional de España, pero en el interior este hecho fue acogido con indiferencia e incluso alivio. En algunos aspectos, como el económico, la pérdida colonial fue positiva pues se repatriaron bastantes capitales y se evitó el enorme gasto de la guerra. 
En Filipinas la presencia española era más reducida que en Cuba, limitándose a las ciudades y las zonas costeras. Los nativos y los mestizos pidieron reformas al igual que había ocurrido en Cuba, demandas que se vehicularon a través de la creación de la Liga Filipina (1893) dirigida por José Rizal. Pero será el Katipunan liderado por Emilio Aguinaldo el que inicie, en 1896, la rebelión armada contra España. El conflicto parecía encauzado a finales de 1897, pero la intervención estadounidense, en el marco de la guerra hispano-cubano-estadounidense, reavivó la guerra. 
Batalla naval de Cavite. Anónimo, 1898. Battle of Manila Bay showing USS Olympia
Batalla naval de Cavite. Anónimo, 1898. Battle of Manila Bay showing USS Olympia
La derrota española se plasmó en el Tratado de París (diciembre 1898) por el que España reconoció la independencia de Cuba y la cesión de Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos. La guerra había concluido, por tanto, a finales de 1898.
Durante el conflicto, un destacamento de soldados españoles se quedó aislado de sus líneas en un poblado denominado Baler, situado al noreste de la isla de Luzón. Los combatientes españoles se refugiaron en una iglesia y allí soportaron sin rendirse un asedio que duró 337 días, hasta el 2 de junio de 1899. Su aislamiento les impidió conocer la evolución de la guerra así como la firma de la paz en diciembre de 1898. Mientras tanto, había comenzado una nueva confrontación entre filipinos y norteamericanos, en las que el destacamento español ya no intervino.
Localización de Baler
Localización de Baler
Conocida finalmente la firma de la paz, las tropas españolas se rindieron de forma honrosa a los filipinos. Estos no los consideraron prisioneros y permitieron su traslado a Manila con todos los honores. Desde allí regresaron a la península, desembarcado en Barcelona el 1 de septiembre de 1899. Ya en España recibieron un triste recibimiento sin que colectivamente se les reconociese mérito alguno. Pronto fueron olvidados. 
El destacamento de Baler a su llegada a Barcelona. Fuente: Wikipedia.
El destacamento de Baler a su llegada a Barcelona. Fuente: Wikipedia.
La gesta, que oscila entre la heroicidad y lo absurdo, ha pasado a la historia militar española como un gran hito. El valor de estos soldados, desperdiciado en una epopeya que no podía salir bien, se ha convertido en una muestra de valor incluso cuando el sacrificio era por una causa imposible. Como en tantas otras ocasiones estos hombres fueron ninguneados después y su gesta apenas recordada y valorada.
En el mismo año en que los últimos de Filipinas regresaban a España, el gobierno de Francisco Silvela vendía a Alemania las Carolinas, las Marianas –menos Guam– y las Palaos. Sin bases militares y navales en Filipinas era imposible ejercer cualquier tipo de soberanía sobre ellas. El imperio español en el Pacífico desaparecía definitivamente.
Últimos restos del imperio español en el Pacífico. Fuente: Wikipedia
Últimos restos del imperio español en el Pacífico. Fuente: Wikipedia
BIBLIOGRAFIA Y FUENTES.
  • ABC.es. (2016). Baler no se rinde, así defendieron 57 militares el último territorio español en Filipinas. [online] Disponible en: http://www.abc.es/historia-militar/20140624/abci-ultimos-filipinas-baler-heroes-201406231602.html [Acceso el 29/11/2016].
  • Castillo Alba, E. (2014). Regreso de las colonias. Cultiva Libros: Madrid.
  • Fernández Ros, J.M.; González Salcedo, J.; León Navarro, V.; Ramirez Aledón, G. (2016). Historia de España. Serie Descubre. Santillana: Madrid.
  • Leguineche, M. (1998). Yo te diré. La verdadera historia de los últimos de Filipinas. Aguilar: Madrid.
  • Sitio de Baler, (s.f.) En Wikipedia. Recuperado el 28/11/2016 de https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Baler